CAPITULO IX
30 ENERO 1983
Hoy he decidido llevarme el diario conmigo y escribirlo todo, no quiero perder detalle de lo que pase, porque creo que va a ser un día muy peculiar.
Ahora me encuentro sentado en el bar, donde todas las mañanas espero que me traigan el desayuno, me gusta desayunar siempre fuera por el olor a café y a pan tostado, el gentío que se levanta temprano para hacer sus compras o ir a trabajar, el calor que entra cuando el café caliente pasa por el estómago, que minutos antes estaba congelado. Como la nariz que antes estaba fría como el hielo empieza a tomar color y a enrojecerse.
Me gusta ver como la gente sin conocerse de nada se saluda por cortesía o por habitualidad, yo sólo me limito a observar el comportamiento de éstas, que me resulta algunas veces tan extraño como necesario, ya que aquí me ven, que para pasar mi soledad me limito a escribir y el mínimo contacto que he tenido con una mujer, me ha producido francamente un aire de vitalidad y alegría en mi monótona vida.
Se acerca el camarero, dejare de escribir.
Creí que el día iba a ser interesante, pero me equivoqué, de hecho me lleve el diario fuera de casa para no perder detalle.
No se lo que me hizo pensar que hoy iba a ser diferente, quizás porque sentí que volvería a ver a Lola y quería plasmar de una manera casi perfecta aquello que ella me transmite y siento cada vez que estoy cerca suya, pero no fue así de hecho ni siquiera la vi.
Ella el día anterior me dijo que quizá iría al parque, pero que no era seguro, aunque en mi interior tenia la esperanza de que la vería, pero como dije al principio para conocerla si hace falta iré al lugar hasta que consiga tener una relación mas intensa con ella.
Hoy estoy algo cabreado la verdad, porque esperaba poder escribir algo nuevo e interesante. pero nada ha ocurrido así que prefiero acostarme e intentar soñar con ella.
31 ENERO 1983
Me encuentro sentado en mi sillón, son casi las doce de la noche, mi enfado aumenta por momentos, no logró conseguir ver a Lola, aunque ella me dijo que volvería al parque.
Creo que estoy empezando a tener un trastorno obsesivo con esa mujer, no paro de pensar en ella.
Hoy he soñado con ella, que es lo que deseaba, pero durante toda la mañana he estado rondando por todo el barrio, por si la veía, no quiero parecer un loco pero no se que me está pasando, daría lo que fuera por volver a ver a Lola.
Lo que no comprendía era qué es lo que me pasaba, su figura colmaba mis pensamientos durante todo el tiempo que estuviera despierto o dormido, ella siempre aparecía en mi mente. En solo cuatro días parecía que hubiera estado con ella durante toda la vida y ahora no me puedo separar de ella.
¿ Porque no puedo parar de pensar?.
Que sensación de agobio, a la poca gente que me habla le contesto mal y solo habló de ella, de cómo es su rostro, su esbelta figura, su personalidad y de por qué no consigo verla.
Incluso le cuento esta historia a gente que no conozco.
Hoy he llegado a tomarme una copa en un bar solo para contarle al camarero mi penuria, aunque sinceramente creo que en muchos momentos los camareros están para eso, para aguantar las calamidades de otras personas, aunque a ellos no le interese nada de lo que estas contando, su labor es escucharte para mantenerte allí el mayor tiempo posible, tu tomar más copas y gastar más dinero en su bar y no en otro.
Ellos se limitan a asentir y decirnos lo que queremos escuchar y darnos la razón en todo, nos ponen una sonrisa aunque los estemos insultando, Pero a pesar de que no me haya escuchado yo por lo menos me he quedado algo aliviado.
Creo que por hoy dejare de escribir hasta mañana impaciente para saber que pasa, no se si volveré al bar donde tomé hoy las copas, ya que el camarero a pesar de no importarle nada de lo que le dije, parecía amable y me entendía.
Si mañana sigo sin verla, distraeré mi mente con el alcohol.
No hay comentarios:
Publicar un comentario