CAPITULO IV
Llegó al salón, donde estaba su hermano sentado, Eduardo. Eduardo tenía 10 años, estaba sentando en el sofá en la posición que siempre tomaba cuando veía la televisión, parecía una gárgola, en cuclillas y con las manos entre las dos piernas parecía como si de un momento a otro fuera a saltar, pero en realidad no era así podía permanecer horas y horas en esa posición. Tony tenía apreció por éste, sentía que tenia que protegerlo pero a partir de la muerte de su madre Tony se lleno de oscuridad y nunca mas volvió a sentir eso por su hermano, lo único que veía era un chico de diez años rubito con el pelo alborotado al que le gustaba ver la tele y que siempre estaba riendo, su faz podía decirse que era bastante más bonita que la suya propia, tenía dos hoyuelos en las mejillas que al reírse se atenuaban y lo hacía mas adorable, su estatura era normal para su edad y aunque Tony fuera muy delgaducho su hermano por el contrario era rechoncho.
Se dirigió al sofá y se sentó junto a él lo miro de una manera extraña, su mirada era de desagrado, en su interior notaba una presión que hacía que sus respiraciones se aceleraran cada vez más, notaba sudor en su frente, parecía que se ahogaba por lo que se levanto de inmediato y corrió a su cuarto. Mientras subía los escalones escuchó algo que nunca antes pudo escuchar, percibió como uno de los escalones crujía, al bajar y subir los escalones de dos en dos como de costumbre jamás lo había notado, esta vez al subirlos de uno en uno, debido a la caída, pudo comprobar que algo extraño había bajo el quinto escalón, pasó una vez, pasó otra, saltó sobre él a pata coja y era un ruido que ni el sabia explicar como si bajo ese escalón hubiera algo hueco.
De un momento a otro su mente se lleno de preguntas, por qué nunca se dio cuenta de ese escalón, qué es lo que había bajo la escalera, desde cuándo se escuchaba ese ruido. Posado en el cuarto escalón y mirando el quinto fijamente a lo lejos pudo oír la voz de Gloria, su madrastra que lo llamaba para que se sentase en la mesa. Tony se quedó quieto frente al escalón sin movimiento alguno, hasta que notó que una mano lo tocaba, sintió una presión, como unas uñas se clavaban en su hombro no con demasiada dureza pero lo bastante como para despertarlo de su estupor.
Tony giró su cabeza y vio a Gloria, tragó saliva se mordió los labios con rabia y dejo caer su hombro para que quitase la mano.
- Vamos hijo que hacías, llevo un rato llamándote, acaso no escuchas…. Ahí Tony - decía mientras negaba con la cabeza
- MM. Iba hacia abajo pero he escuchado un ruido extraño en la escalera
- ¿Un ruido extraño? Tony no digas tonterías, seguro que no es nada
- Te digo que he escuchado un ruido extraño
- Y yo te digo que no digas más tonterías.- Respondió Gloria con cierto nerviosismo
Ante esa respuesta que Gloria dio de un modo inquieto Tony, como era habitual en él comenzó a hacerse innumerables preguntas mientras andaba hacía la mesa.
Se sentó y no esperó que todos estuvieran para empezar a comer. Cogió un trozo de pollo al horno, decidió optar por el muslo era su parte favorita y empezó a comer como si fuera su ultima comida. Podía apreciarse como tenía parte de su cara llena de aceita y grasa del pollo e incluso cuando hablaba se podía ver los trozos de pollos entre los dientes, no era un chico de excelentes modales y menos desde que su madre murió.
- Y mi padre no ha venido hoy
- Todavía no pero falta poco para que venga, me dijo que saldría de trabajar pero comería con sus compañeros, vendría a la hora del café.
- Vale
De inmediato y sin mediar palabra cuando vio que su plato estaba vacío lo cogió y lo retiró de la mesa, se dirigió hacia la cocina y lo dejó en el fregadero, allí empezó a limpiarlo como era costumbre en la casa, cada uno recogía y fregaba su propio plato excepto Eduardo.
Abrió el grifo y cuando le cayó agua sobre las heridas que tenia en los nudillos sintió un gran alivio hasta ahora nadie había notado que estaba malherido, cogió el estropajo y empezó a frotar, una de las veces que giró la mano vio en su reloj que era casi la hora de irse, había quedado con Lucía y todavía tenía que prepararse para la cita, sabia que no iban a ir a una cena de gala pero quería tener buena presencia. Terminó de fregar lo antes posible, esta vez tenia tanta prisa que ni se acordó de lo que anteriormente le había producido tanta inquietud. Subió los escalones apoyado en la barandilla para subir más rápido hasta que llego arriba. Su habitación estaba a la derecha justo al lado de uno de los baños, se metió en ella y comenzó a quitarse la ropa. Abrió las puertas del armario y delante de el empezó a pensar que escogería, cogía una y otra camisa pero ninguna le convencía hasta que encontró lo adecuado. Decidió no parecer demasiado formal por eso optó por unos vaqueros simples que casi todos los días llevaba, y un jersey que Lucía le regalo en su cumpleaños, decidió ponerse ese para trasmitirle su agradecimiento.
Terminó de vestirse y salió de su casa sin decir donde iba, eso era habitual en él, nunca daba explicaciones de lo que hacía ni de a donde iba, solamente cuando estaba su padre respondía a esas preguntas.
Justo cuando salía por la puerta entraba su padre, Enrique quien se caracterizaba por su apariencia de hombre serio y de ser un erudito, era un hombre de gran envergadura y de facciones muy rudas que a su vez mostraban ser un bonachón. Casi todo el mundo le encontraba parecido, con Gerad Depardieu.
- Dónde vas hijo con tanta prisa
- Es que he quedado, y no quería llegar tarde
- Mnnn... con quien vas a salir
- Con amigos papa
- Con qué amigos
- Con Lucía.
- Y donde vais a ir
- Papa te ruego que pares, cada vez que voy salir me sometes aun interrogatorio, se que es innato en los padres pero por favor deja que me vaya. Llegaré a la hora de cenar, tendré cuidado. Adiós
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