CAPITULO II
Pero volvamos a lo que nos lleva hasta esta trama, se encontraba Tony sentado junto a su hermano, mientras miraba a su madrastra como le servía, su mirada no era una mirada pura, podía apreciarse como Tony tenía un gran odio hacia ella sin saber el motivo, quizás fuera porque realmente lo trataba tan bien, que no quería imaginar que un sentimiento positivo lo colmase, no paraba de observar sus manos, las uñas postizas que cada semana cuidaba intensamente, sus ropajes, sus arrugas, que a pesar de la edad de ésta no concordaban. En realidad podía decirse que estaba ante una mujer de extraordinaria belleza de la que muchos hombre indudablemente querrían gozar. Tras el desayuno, Tony subió a su habitación y empezó a vestirse, normalmente solía llevar el mismo vestuario pero hoy intuyó que podría llover por lo que se equipo de una ropa mas adecuada. Bajo las escaleras, salio de su casa y montó rápidamente en su bicicleta, pedaleo y pedaleo hasta llegar a un descampado donde todos los días acudía ante de asistir a clases. En el descampado había una antigua camioneta sin ruedas casi destruida donde se cobijaba cada vez que tenía el momento para ello. La camioneta desprendía un olor a metal oxidado que a él le resultaba bastante peculiar y armonioso cuando tirado pensaba en su desgraciada vida. Debajo de uno de los asientos guardaba una cajetilla de cigarrillos, se sentó en él, cogió un cerilla la prendió y se encendió uno, le dio una profunda calada, sintió como el humo inundo sus pulmones y lentamente empezó a sacarlo de dentro, cuando se quiso dar cuenta era la hora de asistir a clase se monto en la bicicleta y pedaleo hasta llegar a la facultad. Tony cursaba primero de derecho, su vida en la universidad no es que estuviera llena de grandes augurios , normalmente llegaba a clase y se sentaba poniendo sus cosas de una manera tumultuosa, junto a él nunca se sentaba nadie, su presencia no era agradable, nunca hablaba en los debates ni tampoco mostraba interés cuando impartían las clases, éstas se le hacían eternas excepto derecho penal. Era una de las clases que mas admiración le producía y a veces pensaba, cómo una persona que cometiese un crimen podría evitar la pena. Le impactaban los casos prácticos que se comentaban en clases e intentaba entender además la perversa mente de un criminal, lo que realmente le interesaba no era la pena que debería interponer si pecuniaria o privativa de libertad, ni si llegaría a ser penalista, lo que verdaderamente le producía una gran inquietud eran las maquinaciones de aquellas mentes que sin saber por qué, si por perturbación o por el éxtasis, llegaban a causar ese daño a otras personas, pero satisfacción para ellos. Bañado en sus pensamientos, de repente escuchó como la gente se levantaba, la clase había acabado, cogió sus cosas y salió andando hacia su bicicleta. Normalmente la gente solía ir en coche pero él no, además de que no tenía el dinero suficiente para eso, a Tony le gustaba notar como el frío de la mañana golpeaba su cara, como su nariz parecía ser un bloque de hielo, como sus cabellos que le tapan la cara se apartaban. Se montó sin mirar a nadie, dirigiéndose hacia el descampado la rueda pasó por un agujero que había en la carretera, intentó frenar pero fue inútil, al momento cayó fuertemente contra el suelo, fue lanzado un par de metros, cuando abrió los ojos se tocó la cabeza y pudo comprobar que le sangraba pero no era nada importante, se levantó y vio como sus rodillas estaban completamente dañadas, el impacto contra el suelo había roto sus pantalones y su piel era negra por el asfalto. Tirado en el suelo pudo avistar como cerca de una alcantarilla había un libro, se levantó y ando hacia él, mientras andaba notaba como las rodillas y más partes de su cuerpo le ardían, sentía una gran presión en las zonas dañadas, como si su corazón estuviera latiendo en esa parte. Alcanzó el libro, le quitó el barro que lo cubría y pudo leer el título DIARIO DE UN ASESINO. El libro tenía muchas paginas y éstas eran de un color amarillento, como si llevase años tirado esperando que alguien lo encontrase. Se encontraba sentado cuando notó como una gota le caía en la mano, vio como otra cayó sobre el libro, miró hacia arriba y pudo comprobar que efectivamente había comenzado a llover. Cogió le libro y corrió lo que pudo a por la bicicleta, la agarro por el manillar y la llevo andando hasta su destino.
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