lunes, 20 de febrero de 2012

CAPITULO VIII

CAPITULO VIII

29 ENERO 1983

Cómo empezar a contar lo que hoy me ha sucedido. Que mejor manera que empezar desde el principio y detallar cada momento.
Ayer, al dejar de escribir me recoste sobre mi cama pensando en Lola, que si mal no recuerdo era su nombre, aunque es imposible de olvidar.
 Me quedé dormido sin ni siquiera darme cuenta que incluso estaba vestido y que no había apagado las luces. Durante toda la noche estuve soñando con ella, con aquella hermosa mujer a la que quizás no volviera a ver, pero que indudablemente si en mi mano estuviera iría hasta el fin del mundo.
Al levantarme por la mañana, algo en mi interior me decía que hoy si la vería, pero quien sabe, ayer también tenia esa sensación.
Cuando salí de mi casa, después de haberme duchado y vestido elegantemente por si la encontraba tener la mejor presencia posible, me dirigí a la cafetería donde siempre desayuno. Como cualquier día pedí un café cortado y media tostada. Nada peculiar estaba pasando hasta que cuando fui a comprar el periódico andando por la calle encontré una cartera, sin esperar nada sorprendente el día dio un giro inesperado.
Me agaché a cogerla, me levante y me dispuse a abrirla para ver si dentro había alguna indentificación, Y así fue, pero tal fue mi sorpresa cuando vi que el carnet que contenía era de la mujer que conocí hace unos días. Lola Hidalgo Jimenez, nacida el 10 de abril de 1961 en Madrid. La chica solo tenía 22 años y a pesar de su juventud, sus palabras y su cara no expresaban esa edad. Ahora era la posibilidad de poder verla aunque sólo sea una única vez mas. 

 Mi dilema era si llevar la cartera a la comisaria o entregársela a ella en persona  y que me tomase como un hombre honrado y su salvador. Bueno salvador seria demasiado, pero quizá para darme las gracias se tome un café conmigo. 
 Preferí llevársela personalmente a su casa, pero no me había dado cuenta que su dirección era de Madrid y no de Salamanca, por eso la única alternativa que encontré fue ir a la comisaria para dejarla y quizás dejar algún dato sobre mi para que ella pudiera contactar conmigo.
Me dispuse a dirigirme hacia la comisaria y cuando allí me encontraba comencé a contarle al policía lo que me ocurrió.
Le comenté que había encontrado esa cartera pero que conocía a la dueña y me gustaría entregársela personalmente, pero como su dirección actual no era la correcta haber si podía dispensarme la calle donde residía.
Después de mucho discutir no conseguí nada por parte del policía y tuve que dejar la cartera allí, entonces pensé que si me quedaba, en algún momento ella pasaría a recogerla y por fin la vería.
 Así fue, después de casi tres horas sentado viendo como pasaban mucha gente, unas para renovar el dni, otras para denunciar algún pequeño hurto o cualquier motivo que realmente no me interesaba, escuché una voz suave que preguntaba,


-Perdone señor policía ¿alguien ha traído una cartera?, es que esta mañana se me cayó en medio de la calle y tenia la esperanza de que alguna buena persona viniera a entregarla. 

El policía le respondió, que de hecho quien había traído la cartera estaba sentado justo destrás suya.
Ella se volvió y cuando miró, algo entró por mi boca y recorrió todo mi cuerpo, como si tuviera muchísimo aire contendio en mis pulmones, la respiración comenzó a acelerarse  y no paraba de pestañear. Ella se acercó y me dijo:


-muchisimas gracias, otra persona no la hubiera traido. Pero... yo te conozco ¿verdad?
-Si nos vimos el otro día . Es que esta mañana me encontré la cartera y vi que en la documentación aparecia tu foto, me quedé sorprendido y pensé llevarla a tu casa pero veo que no eres de aquí.
-Pues no, no lo soy. Oye me gustaria invitarte a tomar algo para darte las gracias por lo que has hecho

Cuando pronuncio esas palabras, la misma sensación recorrió mi cuerpo e instantaneamente le contesté que si, lo único que deseaba era pasar algo de tiempo junto a ella y que mejor manera que ir a tomar algo y asi poder tener alguna toma de contacto mas.

A pesar de ser invierno el sol brillaba con todo su esplendor y apetecia salir a la calle, a mi desde luego me daba igual que cayera granizo o nevara, el hecho de estar con ella era lo único que realmente me importaba.

 Cuando llegamos al parque le pregunte que de dónde era, porque al ver su carnet pude observar que no era de aquí, si no que era una chica de ciudad, me dijo que era de Madrid y que tuvo que venir a vivir aquí porque buscaba algo de tranquilidad y paz para poder escribir en armonía, que era a lo que se dedicaba y en Madrid el estrés no la dejaba evadirse para poder hacerlo.
No me dió tiempo a preguntarle nada más, que a la media hora se despidió de mí, era evidente que no quería estar mucho a mi lado, eso de invitarme a un café, era una simple cortesía para presumir ser una chica educada.
Nunca encontré el momento para decirle lo que sentía, pensé que podría parecer algo inoportuno y violento, ya que solo conocía de ella lo que me estaba contando y en solo tres días nadie se puede enamorar, por eso decidí intentar verla mas días, para poder conocer mas de su persona,  y ella de la mia, ¿quién sabe? quizás sea la mujer que me haga creer en el amor.

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