CAPITULO XIV
4 FEBRERO 1983
Después de una larga noche pensando, he podido planear el día de hoy y en que consistirá mi propósito. Hoy me dirigiré al mismo bar donde le escribí la carta, pero esta vez no me sentaré sino que la esperaré por algún sitio cercano o algún callejón, hasta ver que pasa por delante de mí, tengo que saber a dónde se dirige y cuándo está sola.
De momento dejaré de escribir hasta esta la noche.
Acabo de volver, por así decirlo, de un día de investigación.
Junto al portal de Lola, había una calle sin salida llena de contenedores, y lo primero que pensé cuando vi aquel callejón, fue que era el escondite perfecto para seguir los pasos de mi amada y cobijarme sin ser visto.
En cuanto llegué al callejón, me metí entre dos contenedores que estaban al principio de la calle; durante toda la mañana estuve en cuclillas esperando que pasara, incluso algunos que iban a tirar la basura pensaron que era un mendigo, pero la espera no fue en vano, después de una larga mañana, justo cuando pensaba que Lola no iba a pasar por allí, una sombra se reflejó en los cristales de una ventana que daban al callejón donde estaba.
Era inconfundible, esa parsimonia al andar, esa frescura en su cara… y tal cual vi que iba a pasar por donde estaba, me agache para que no pudiera verme. Cuando paso, me levante, sentía un gran dolor en las rodillas, necesita estirar las piernas. Di un par de saltos y ande hacia el portal, pensé que lo mejor que podía hacer ahora era seguir en el callejón y así descubrir el siguiente destino de Lola.
Después de casi cinco horas esperando en el mismo sitio y con idéntica postura, no me hizo falta ver la imagen de Lola que solo con su olor sabia que se aproximaba. ¡que olor! Pude avistar asomando un poco la cabeza que salía con dos bolsas negras, indudablemente venia hacia mi, sin ni siquiera saberlo.
Al ver que se aproximaba cada vez mas, lo que hice es agacharme por completo, hasta el punto de estar tumbado y meterme bajo el contenedor.
Allí abajo lo único que veía eran sus zapatos, zapatos de señorita elegantes, su piel blanquecina realzaba su belleza y su pie delgado hacia que pareciera que esos zapatos estaban hechos a medida, únicamente para ella. Cuando se dio la vuelta para marcharse, su olor rozo mi rostro como si una mano me acariciara las mejillas.
Lo que sentí, no fue precisamente agradable, era raro. No era agradable pero tampoco fastidioso, y cuando vi que se iba, me levante rápidamente.
Me apoye contra la pared asomando levemente la cabeza para ver su dirección ycuando vi que giró la esquina hacia la derecha, fui corriendo hacia ella y me volví a parar e hice lo mismo, apoyando la espalda en la pared asomé con sigilo mi cabeza para seguir el destino de Lola.
Así durante dos o tres calles, hasta que vi que Lola se paraba en un bar y entro en el.
La fachada del bar era de piedra, con una pequeña puerta oscura, con dos faroles colgados a los lados y una ventana en la misma puerta.
Una vez que vi que lola entro, se asomó por la ventana para ver quien había en el bar y como era.
El bar realmente mas que un bar parecía un club de amigos que se reunían para leer, escuchar música, fumar tabaco de liar, tomar cervezas… así que supuse que era el lugar al que habitualmente acudía, con lo cual decidí marcharme para volver mañana, pero ya no la esperaría en el callejón, si no en el bar.
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